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Gran afectación por la escasez de ‘chips’ ante la oferta de TV, vehículos y otros productos.

La falta de un componente tan pequeño como un chip electrónico ha paralizado toda una industria. Sus efectos ya se sienten en el mercado latinoamericano.

Hoy hay una crisis de microchips en el mundo. Estas piezas son fundamentales para ensamblar autos, televisores, videojuegos, radios para vehículos, juguetes y otros productos.

La pandemia hizo caer la demanda de productos y las plantas que generan estas pequeñas piezas electrónicas se paralizaron. Luego, una mayor compra de aparatos tecnológicos por el teletrabajo o la teleeducación generó una reactivación de los pedidos, pero las industrias han tardado en dar respuesta.

La crisis y escasez de chips ha golpeado con particular fuerza a los fabricantes de autos, con cálculos que apuntan este año a pérdidas de esa industria por USD 110 000 millones en el mundo.

La japonesa Toyota anunció que recortará en este mes su producción mundial en un 40%. Mientras tanto, Volkswagen dijo que va a parar parcialmente la producción en su planta de Alemania. Renault frenó sus plantas de Palencia, Valladolid y Sevilla, en España, para hacer frente a lo que llama “un cuello de botella en la industria de chips”.

Todo esto ha originado retrasos de meses en la entrega de los vehículos a clientes en ciertos modelos, durante todo el presente año, aunque el mayor problema se siente desde mayo pasado. Esto incide en las ventas de algunas concesionarias.

Para otras marcas, que dependen en su totalidad de estas piezas, la escasez es “un dolor de cabeza”.Señalan expertos que hay chips y microcontroladores cuyo cambio requiere toda una arquitectura electrónica nueva, y esto puede tomar meses.

La empresa elabora dispositivos para medición de calidad de aire, de energía eléctrica, dispositivos médicos y todo lo que se conoce como IoT (Internet de las Cosas). Una tarjeta de TV tiene unos 1 500 componentes y varias de esas piezas pueden estar formadas por cientos de chips, algunos de ellos incluso microscópicos.

Las firmas ejecutan estrategias para sortear el retraso en la llegada de productos. En el sector de ensamblaje de vehículos, por ejemplo, las firmas han optado por importar los componentes disponibles por vía marítima y cuando los semiconductores o chips estén listos los hacen por avión. Este proceso logístico les permite a las empresas tener al menos tres meses, como plazo, para que las industrias elaboren, envíen los chips y lleguen al mismo tiempo que las otras partes. Proyecciones internacionales apuntan a que la escasez de los chips se sentirá hasta junio de 2022.

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