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Columna: La desconexión del ser actual con la naturaleza

Por Arq. Salvador Covarrubias socio de COCCO Arquitectos

¡La ciudad ha muerto! Y hay que nombrar a las nuevas aglomeraciones urbanas como ecosistemas, cuyas connotaciones están más de acuerdo con su complejidad y con los retos que plantean hoy día a la inteligencia.

Era el año 2009 yo todavía estaba estudiando la carrera ya en sus últimas consecuencias y con plena conciencia de lo que me deparaba el futuro, o al menos lo que esperaba de él en el mejor de los casos, para los estudiantes de arquitectura como yo, los concursos de diseño están siempre en nuestra lista de búsqueda de Google y en esa temporada no fue la excepción.

Ese año el concurso ARPAFIL lanzó el tema “LA CIUDAD”, yo y quien ahora es mi socia en nuestra oficina, Arq. Arce Cornejo nos registramos en este concurso con dos propuestas “Supongamos que..” y “HOMODOMUS”, ambas muy diferentes entre ellas.

Y es que mientras que la de mi socia trataba el concurso de manera positiva viendo a este como una oportunidad de sembrar la semilla de futuros posibles y de mejorar la planeación urbana, la propuesta “HOMODOMUS” aseguró su lugar gracias a la asertiva critica que se hizo hacia nuestro actual modo de vivir la ciudad, el consumismo excesivo al que hemos llegado y la visión dual, tanto cataclísmica, como de llamada de atención para generar conciencia y buscar un mejor futuro.

Ese proyecto más que una propuesta es una advertencia para evitar llegar al extremo de vivir una existencia artificial, en esta ocasión quiero hablar de este proyecto/concurso pues, aunque han pasado muchos años desde que lo expusimos, creo que lamentablemente nada ha cambiado, sin embargo, la conciencia social y ecológica comienza a hacer eco en nuevas generaciones y no solo de arquitectos, también de todos aquellos que habitamos este hermoso planeta.

El ser humano de hoy, en pocos casos puede seguir siendo considerado homo sapiens –hombre que piensa -, pues su cerebro ha evolucionado, al igual que su dependencia hacia la tecnología que él mismo ha inventado y su total desinterés hacia la naturaleza, todo esto lo lleva al grado de no reconocer qué es real, esta nueva categoría debería adoptar el nombre de homo domus, del latín hombre de casa (casa = artificialidad del entorno).

La respuesta arquitectónica a aquel concurso no fue una solución en sí, sino más bien un análisis de cómo hemos (mal)tratado al planeta y como hacemos (siempre) a un lado la naturaleza, nosotros mismos somos quien la delimitamos o encapsulamos, marcando la diferencia entre lo real y nuestra realidad, por lo que la propuesta era un mega proyecto, que constaba de varios rascacielos de 500 metros de altura que actuaban como “patas” y una plataforma sobre ellos que los conectaba, en la cual el ultimo nivel estaba destinado a áreas verdes, áreas de convivencia al aire libre, así como cuerpos de agua artificiales, como todo en este proyecto, y como todo lo que nos rodea en los últimos años.

¿Realmente tendremos que llegar a demarcar tanto la pauta entre lo humano y lo natural para enmendar los errores que hemos ocasionado en el pasado? ¿O estaremos a tiempo para evitar un futuro nada deseable?

¿¡Se puede!? ¡¿Se debe?! Se podría realizar una estructura así, no cabe duda que somos la única especie que, si no cuenta con algo a su favor, lo inventa, lo desarrolla y lo comercializa; ¿se debería?, no lo sé, por un lado, dejaríamos el suelo a la naturaleza, a los animales, dejaríamos de tapizar con asfalto y concreto, de hacer injertos subcutáneos al planeta, por otro lado, viviríamos aislados, pero, ¿que no lo estamos ya en nuestras ciudades?

La tendencia de las metrópolis a todo alrededor del mundo es la misma, crecer y multiplicarse hasta acabar con los recursos, dentro de poco todas nuestras ciudades se describirán con una misma frase “ya nada es real ni natural, es solo una simulación de los sueños y fantasías del ser, una gran Cosmópolis en donde incluso los parques son ciencia ficción, es el último sueño humano, realizado en nuestra memoria colectiva”. – Rem Koolhaas, Delirious New York 1978

“La ciudad” convertida en ecosistema es la imagen de nuestra verdad interna. Ella representa la capacidad técnica, moral e intelectual que hemos alcanzado pues es y seguirá siendo el único ámbito posible para el desarrollo de la inteligencia.

Sin embargo, dichas potencialidades, por espectaculares y bienhechoras que sean en muchos aspectos, entrañan el germen de un proceso catastrófico que, pueden ser un salto hacia paradigmas nuevos y mejores o un retroceso que, precisamente en función de nuestra capacidad y conocimientos sin paralelo en toda la historia, llegue a ser tan grande como ellos en sentido opuesto y extinga a la civilización.

Desde el despertar del hombre, este siempre ha consumido los recursos naturales de su entorno, y una vez agotados en su totalidad simplemente se muda a otro ecosistema dejando sus desechos atrás. Por ejemplo, La Isla de plástico, también conocida como Isla de basura, Isla tóxica y otros nombres similares, es una zona del océano cubierta de desechos en el centro del océano Pacífico Norte, localizada entre las coordenadas 135° a 155°O y 35° a 42°N.

Se estima que tiene un tamaño de 1,400,000 km² en la que incluso hoy se ha encontrado desperdicios de los años 50. Es así como nos hemos acostumbrado a simplemente abandonar nuestros desperdicios a su suerte.

Foto: Cortesía.

La Luna, nuestro satélite nocturno, nuestro faro en la oscuridad, ella no está exenta de nuestra forma de vida, ya que en ella también se encuentran desperdicios dejados por el hombre e incluso toda nuestra exosfera está plagada de satélites artificiales en desuso y desperdicios que dejan los transbordadores, para el proyecto del que he hablado tomamos la Luna como la representación de la continuidad, la permanencia y lo natural.

Tomamos este símbolo y desarrollamos “globos” gigantes, los cuales tendrán la función de generar energía solar y eólica, para ser utilizada por la nueva ciudad, además de irradiar luminosidad por las noches.

También funcionarán como método de abandono, cuando la ciudad termine de consumir los recursos de la zona. Y lo mismo sucedería con las “patas” rascacielos, se convertirán en basura, abandonándolos y dejándolos atrás para ahora ser habitados por la naturaleza, “mudando” la estructura principal de la ciudad a otro nuevo entorno qué consumir.

Últimamente se ha hablado mucho de la colonización próxima de otros entornos fuera de nuestro planeta y se planea enviar por primera vez humanos a Marte en 2022, es bueno voltear a ver a las estrellas, pero considero que es primordial voltear a ver a La Tierra.

 

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